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miércoles , octubre 10 2018
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Compensar a los NIÑOS con Juguetes es bueno o malo? Que dicen los especialistas?

Cada vez más grandes, más caros y más numerosos. Todas las navidades sobrecargamos a nuestros hijos de regalos esperando compensar así el poco tiempo que la vida diaria nos permite dedicarles. Una práctica que, a la larga, puede convertirse en una pesada carga para estos niños que no conocen la frustración.

Era un 7 de enero a primera hora de la mañana. En el parque sólo estábamos mi hija pequeña, aquel muchacho de 10 años con su bicicleta y yo. Parecía triste, así que me acerqué a él y le pregunté si se encontraba bien. “Estoy bien, es que sólo los Reyes me han traído esta bicicleta… Me gusta, pero ¡yo no la había pedido!”. Esta historia, contada por una de nuestras lectoras, ilustra bien cómo tendemos a sobrecargar a nuestros hijos de regalos, llegando incluso a robarles la capacidad de soñar y de desear. Según las últimas encuestas, en España los niños reciben de sus padres ocho juguetes en Navidad, con un presupuesto de 193 euros, una cantidad superior a la media europea, estimada en 140 euros. Esta tendencia al exceso surgió en los años 60, con la llegada de la sociedad de consumo y la aparición del niño rey. ¿Les hacemos realmente un favor cuando transformamos su cuarto en una juguetería? Un comportamiento analizado por María Asunción Cuadrado, psicóloga infantil de Quality Psicólogos, y el psicólogo y escritor Miguel Ángel Conesa.

1. ¿Por qué nos gastamos tanto dinero?

Desde el mes de septiembre, la televisión y otros medios de comunicación se encargan de conquistar el deseo de los niños a través de anuncios, cuyo principal mensaje es “no te quedes fuera, tienes que tenerlo, debes conseguirlo”. A fuerza de tanta repetición, tanto los padres como los hijos terminan por percibir todo lo que nos presentan como necesario, y como cada vez se tienen menos hijos y el nivel adquisitivo es mayor, cedemos, pensando en su bienestar. Esto, unido al deseo de los progenitores de compensar el poco tiempo que dedican a sus niños, inmersos como están en su larga jornada laboral, aumenta la dificultad de ponerles límites. Si antes les ayudábamos con nuestra razón, posibilidades y conciencia a escribir la carta de los Reyes, ahora, no sólo les dejamos pedir y además pedir solos, sino que lo hacemos justificando con argumentos psicológicos y pedagógicos que los juguetes son buenos para su desarrollo. El sobrecargar de regalos a los niños es una forma de “lavar nuestra conciencia”: no estamos presentes, así que nos cuesta decirles no y les damos todo lo que nos piden, aunque eso suponga gastar más de la cuenta. Miguel Ángel Conesa añade una última razón: algunos padres regalan con el fin de mostrar ante los demás cuál es su nivel adquisitivo, por prestigio social. Esto se recrudece cuando se “compite” con familiares, amigos o incluso con compañeros de trabajo.

2. ¿En qué medida este exceso de regalos es malo para los niños?

En opinión de Miguel Ángel Conesa, el exceso de regalos perjudica la maduración personal.?Ante el aluvión de regalos, los niños se descentran. Además, se acostumbran a una especie de competición en la que cada año el número de regalos debe ser mayor. Es lo que le pasó a ese niño que se enfadó porque recibió unas navidades 16 regalos en lugar de los 17 del año anterior. Es mejor no darles todo lo que piden porque el exceso es perjudicial. Regalarles todo crea adultos insatisfechos, por eso es importante que los padres enseñemos a nuestros hijos a convivir con la frustración: de otra manera, cuando no consigan lo que quieren o a la menor dificultad, se van a venir abajo. La ausencia de un regalo determinado no les crea ningún trauma ni problema psicológico, mientras que tener todo al alcance de su mano sí fomenta la inmadurez, les convierten en insaciables y en insatisfechos vitales. La psicóloga Mara Cuadrado, por su parte, estima que cuanto más tiene un niño, menos valora esas propiedades. Su capacidad de disfrutar se bloquea y, en ocasiones, sólo es capaz de valorar el número de juguetes y no las cualidades que puedan tener los mismos.

3. ¿Los regalos de Navidad deben compensar las buenas notas o la buena conducta en el colegio?

Tanto Mara Cuadrado como Miguel Ángel Conesa coinciden en afirmar que el regalo en Navidad debe ser gratuito, aunque sea una tentación muy grande utilizarlos para conseguir un buen comportamiento. La Navidad es la Navidad, con su magia y sus regalos. Unos juguetes básicos no dependen de nada, los merece cualquier niño, por muy mal que se porte. Los regalos responden a que son niños, simplemente, y les queremos, con sus límites, sus capacidades, sus notas buenas o malas… Es el carbón el que dice que hay cosas que tiene que mejorar y la carta que debe acompañarlo dirá qué cosas. Existen padres que no dejan entrar en casa a los Reyes o Papá Noel porque el niño ha tenido un mal año…. Es un gran error no pararnos a ver qué hay de rescatable en nuestro hijo para valorarlo, también con la presencia de sus personajes más fantásticos. Sólo cuando esa magia termina, podemos hacer que la cantidad y el ajuste con sus deseos dependa del comportamiento.?Antes nunca.

4. Los niños de parejas divorciadas reciben más regalos. Esos regalos, ¿no son regalos “envenenados”?

Efectivamente, en la mayoría de los casos los hijos de padres separados o divorciados celebran por partida doble la Navidad: una en casa de mamá, otra con papá. Y el gran temor de estos padres separados es que los regalos sean mejor en casa del otro. Por eso, a veces, se ven en la obligación de superarse, más que por el bien del niño, por su propio interés narcisista. Se entra entonces en una competencia entre hogares (y no sólo ocurre en estas fechas) en la que se intenta asimilar la cantidad con la mejor atención. Esto es un error que desemboca en una mala educación. El regalo se convierte en una demanda de amor dirigida al niño. Éste, prisionero de una situación donde ve a los padres rivalizar para atraer su atención, puede decidir entrar, a su vez, en el juego y convertirse en un tirano, cada vez más exigente y nunca satisfecho: “¿queréis que os quiera? Dadme entonces todo lo que pida”. Los niños no comparan si nosotros no comparamos. Por eso, en este caso, deberían ponerse de acuerdo ambos progenitores para que el niño pida en uno u otro hogar juguetes proporcionados tanto en cantidad como en economía.

5. ¿Cómo evitar que el niño se convierta en una persona caprichosa?

Se convertirá en un niño caprichoso si seguimos empeñados en cubrirle de regalos o si le dejamos creer que se merece todos esos presentes. Cuando a un niño se le da todo, deja de tener ilusión en las cosas para ponerla en “tener cosas”. Es necesario dejar espacio al deseo y no presuponer que quiere cosas para ofrecérselas. Los niños tienen pocas necesidades.?Les sobra casi todo. Mara Cuadrado suele recomendar a los padres que guarden la mitad (o más) de sus juguetes e ir cambiándolos cada determinado tiempo. Cuando los niños tienen poco, juegan más y valoran más. La Navidad es una buena época para enseñarles a compartir lo que tienen y juguetes que a ellos les ha hecho felices en otras épocas, ahora también pueden ser útiles a otros niños. Es fundamental enseñar al niño a soñar, a proyectarse en el futuro, a no satisfacer inmediatamente todos sus deseos y a no ceder ante sus enfados.

6. ¿Por qué hay regalos que el niño olvida en seguida una vez abiertos?

Porque esos regalos no respondían al deseo del niño o a las expectativas que se había hecho. Esto sucede cuando los pequeños se han dejado llevar por el atractivo de la televisión y luego el juguete no corresponde a lo que él pensaba. Puede ocurrir también que se trate de juguetes demasiados complicados para su edad (en esa idea irracional que a veces se tiene de ofrecer a los niños juguetes por encima de su nivel para ver si estimula más su inteligencia). O, simplemente, porque había muchos juguetes al mismo tiempo. Para evitar que esto ocurra, es fundamental preguntar al niño qué es lo que realmente le haría ilusión y hacer una selección, si la lista es demasiado extensa. Es imposible que el niño se apasione por 10.000 objetos distintos simultáneamente. Si optamos por el factor sorpresa, lo importante aquí es acertar en el regalo. Para alcanzar este objetivo, es esencial pensar en los centros de interés de nuestro hijo antes de pensar en los nuestros.

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Fuente: elle.es

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